Detroit y Puerto Rico

Nota a nuestros lectores: Reproducimos en este espacio el texto de una columna nuestra publicada en el periódico El Nuevo Día el 3 de noviembre de 2009,  alertando sobre las consecuencias que enfrentaría Puerto Rico si no se tomaba acción inmediata sobre la situación fiscal del país. Hoy, ocho años después se ha validado aquel diagnóstico. ¿Somos los economistas pájaros de mal agüero? [1]

 

La Revista Time publicó recientemente un artículo sobre cómo la tensión racial, políticos miopes y populistas y la dependencia en una sola industria pusieron de rodillas a una ciudad que fue ejemplo de progreso por décadas. La lectura de aquella historia me llevó a establecer un paralelismo con Puerto Rico. Detroit fue por muchos años la meca de la industria automotriz. Fue la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos. Familias propietarias de sus residencias, vecindarios limpios y ordenados, abundante actividad comercial y progreso económico.

 

Hoy, ha retrocedido al lugar número 11 en tamaño, [2]  tiene una tasa de desempleo de 28.9%; [3] un déficit de $300 millones anuales en el presupuesto, deterioro de los vecindarios, éxodo de población, alta tasa de criminalidad, retroceso económico y desesperanza. Esta situación nos trae un mensaje a los puertorriqueños.

 

Detroit dependió por muchos años de una sola industria, la manufactura de autos, que dejó de ser competitiva. Puerto Rico, de la manufactura de productos farmacéuticos, que en su mayoría está próxima a perder sus patentes de exclusividad. Detroit fue víctima de la polarización racial. Puerto Rico, de la polarización política. En Detroit, los sindicatos estrangularon la industria automotriz con sus demandas salariales. En Puerto Rico, quieren estrangular al gobierno oponiéndose a la reducción de la nómina gubernamental.

 

En Detroit, un congresista populista propulsó legislación proteccionista a los sindicatos de la industria automotriz. En Puerto Rico, políticos populistas han aprobado legislación sindical para empleados públicos que erosiona las finanzas públicas. En Detroit, la polarización racial llevó a la venganza contra las ideas del adversario. En Puerto Rico, la polarización política ha llevado a lo mismo. Hoy, Detroit está perdiendo población, azotada por el crimen, vecindarios fantasmas, propiedades abandonadas, desempleo record, sin capacidad para atraer industrias y financiar la reconstrucción de la ciudad.

 

Si Puerto Rico no quiere estar como Detroit, tenemos que apoyar medidas de ajuste fiscal en el gobierno y atraer inversión, como las alianzas público privadas. Es necesario desarrollar microempresas para los desempleados, limitar la legislación populista, tener mano dura contra el crimen y buscar una tregua en la polarización política. De lo contrario, estaremos solos en un bote sin remos en el medio del océano.


[1] El Nuevo Día, 3 de noviembre de 2009

[2] Actualización: Al año 2014 ocupa el rango num. 18

[3] Actualización: Al mes de abril de 2015 la tasa de desempleo se había reducido a 10.2%

One thought on “Detroit y Puerto Rico

  1. David Alvarez Marzo 21, 2017 at 11:00 am - Reply

    También dejar de creer que somos “una Isla bendita” que sectores religiosos han promovido lo cual promueve más enajenación.

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